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El regreso de la cultura del espagueti: cuando Maranello confunde el mando con la arrogancia

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El regreso de la cultura del espagueti: cuando Maranello confunde el mando con la arrogancia

Artículo de opinión de Salvador Méndez. Los hechos son los del portal; el juicio es de quien firma.

Las tensiones entre Frédéric Vasseur y la cúpula corporativa reactivan el viejo fantasma del desgobierno en Ferrari. Más que un problema de gestión o un reproche a Hamilton, el conflicto nace de la resistencia interna a un liderazgo único.

La ventaja de 52 puntos sobre McLaren en la lucha por el campeonato no es suficiente para apagar las alarmas en Maranello. Los malos resultados cosechados en Monza y Madrid han vuelto a despertar un viejo runrún en el paddock, la «cultura del espagueti». Una etiqueta con cierta solera que Bernie Ecclestone popularizó tras la salida de Jean Todt, Michael Schumacher y Ross Brawn para poner el foco en que el equipo perdía el orden y regresaba al caos.

No por ello se puede calificar hoy de simple cliché anglosajón, sería un descarado error de análisis. La Scuderia está recayendo, por méritos propios, en su histórico problema de desgobierno interno que, para quienes observamos desde la distancia y con cierta perspectiva a los largo de las décadas, parece un quiste difícil de extirpar.

Quienes sostienen que se trata de una exageración interesada, recuerdan con acierto el origen del término. En 1967, el Ferrari 312 F1 recibió el apodo de «Spaghetti» por el laberinto concéntrico de tubos de escape blancos sobre su motor V12, mucho antes de que Niki Lauda en 2015 o el propio Ecclestone convirtieran la mecánica en un reproche a la gestión. El argumento contrario tiene peso, el paddock británico siempre ha recurrido a este tópico para dañar el orgullo italiano en cuanto se tuercen dos carreras. Sin embargo, la metáfora vuelve a ser exacta. Maranello vuelve a parecer un plato de hilos cruzados donde resulta imposible saber quién toma las decisiones reales y qué rumbo sigue la estructura.

Vasseur y las guerras de palacio

Las filtraciones destapadas por Giorgio Terruzzi sobre la relación inexistente entre Frédéric Vasseur y el CEO, Benedetto Vigna, no son casuales. Que en los pasillos llamen «Napoleón» al director del equipo por ejercer una actitud de mando absoluto muestra, claramente, por donde van los tiros.

Pero conviene pensar un poco más allá de la F1 y girar el prisma para observar desde otro ángulo. Cualquiera que se haya enfrentado a la poco gratificante tarea de dirigir equipos, convendrá que sin un liderazgo claro y un rumbo definido las cosas pronto se complican.

Por ello, no puedo pensar en que la mano férrea de Vasseur pueda ser por un exceso de arrogancia, sino un esfuerzo deliberado por blindar la gestión de carreras frente a las injerencias corporativas, un punto que siempre han lastrado a la Scuderia. Su reciente contrato a largo plazo debería bastar para asentar esa autoridad, pero en Maranello la autonomía deportiva suele vivirse como una ofensa corporativa.

Esa incomodidad explica las maniobras subterráneas descritas por Pino Allievi. Sondear a Andrea Stella sabiendo que ha cerrado la puerta para seguir en McLaren, deslizar el viejo aprecio de John Elkann por Christian Horner o insistir con un Antonello Coletta, quien ya ha dejado claro que no quiere saber nada de la Fórmula 1, son movimientos que solo buscan debilitar al muro. Intentar importar el orden técnico que Stella consolidó en Woking mientras se sabotea al responsable propio es una contradicción que condena cualquier proyecto a medio plazo.

Ruido que distorsiona el garaje

En un entorno tan viciado, cualquier proceso de trabajo ordinario se magnifica hasta parecer una conspiración. Señalar que Lewis Hamilton opera como «una república aparte» dentro de la estructura responde a esa misma histeria que los medios italianos parecen empeñados en mostrar. El británico tuvo que intervenir directamente cuando desmintió en sus redes sociales haber solicitado cambios en el personal o la salida de algún miembro del equipo. Que la exigencia competitiva de un recién llegado se interprete de inmediato como una fractura interna demuestra la debilidad institucional del entorno.

Ferrari afronta un cierre de temporada tenso y la preparación técnica de 2027 con la necesidad urgente de estabilidad. Respaldar a quien dirige las operaciones en la pista es la única vía para aspirar al campeonato. Si la presidencia permite que las intrigas de despacho se impongan de nuevo sobre las decisiones del muro, el nudo de espaguetis volverá a ahogar a Maranello.

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