Nos duele, y mucho, que Fernando Alonso no ganase el Mundial 2010 de Fórmula 1. Nos molesta, y vaya de qué manera, que Peter Sauber prescindiese de Pedro de la Rosa de la noche a la mañana, sin explicaciones y sin (que nosotros sepamos) avisos previos.
Y por supuesto, nos inquieta que ese joven impetuoso llamado Sebastian Vettel se haya llevado el Mundial en la última carrera. Pero... ¿es esto así?, quiero decir ¿se corresponde con la realidad todo esto que he mencionado?
Largas conversaciones con mis amigos sobre estos temas y la experiencia de seguir este deporte desde hace casi 20 años me han impulsado a ofrecer mi opinión, en frío, sobre todo lo sucedido. Por partes.
Aparte de la noticia del binomio Alonso-Ferrari, la presencia de Pedro de la Rosa en Sauber y de Alguersuari en Toro Rosso nos daba esperanzas para una exitosa temporada por parte de los españoles.
Alguersuari llevaba su juventud y entusiasmo a un equipo lanzadera solvente y capaz, más de lo que en sus días fue Minardi. Ha cumplido. Ha rodado generalmente bien y con ciertos momentos de genialidad, lo que nos da esperanzas de cara al futuro.
De la Rosa. Eso es otra cosa. Es un piloto fiable, competente, trabajador y meticuloso. Mantiene un buen compromiso entre pilotar el coche y atender a sponsors, medios y aficionados, pero (y es un gran "pero") le falta ese punto de chispa, de genialidad, de instinto que haga que saque unas décimas extra a su coche.
Peter Sauber sabía eso y aunque las formas de prescindir de sus servicios pueden dar para largas discusiones sobre protocolo laboral, no podemos más que (aunque sea muy en el fondo), entender su decisión. Decisión que de ser nosotros Peter Sauber, hombre de carreras y experimentado jefe de equipo desde antes de su etapa de Sport Prototipos, hubiésemos tomado de la misma manera.
Afortunadamente estará presente en la Fórmula 1 como probador de neumáticos, tarea nada fácil y que seguro que desempeña con genialidad.
Alonso. Poco a poco y a base de actuaciones prodigiosas ha conseguido entusiasmarnos y convencer a todo el mundo de que tiene ese toque diferente, ese toque que tenía Schumacher en sus tiempos de Benetton, el de Senna en los primeros años McLaren y el de Hakkinen de finales de los 90. No obstante, aún hoy comete demasiados errores como para resultar el indiscutible número 1.
Calibra bien sus fuerzas, aprieta cuando debe, cuida la mecánica y se muestra impasible con sus adversarios en la lucha cuerpo a cuerpo, pero necesita cruzar esa línea que separa el bien del mal en un momento puntual, esa línea que superaron varias veces Prost, Senna, y demasiadas veces, Schumacher. Bien es cierto que la suerte no le ha acompañado, Whiting tampoco le ha ayudado y Ferrari ha tenido una primera mitad de la temporada desastrosa.
Olvidemos lo que pasó en la última carrera. Sobre ello ya se ha escrito mucho y tan solo me gustaría expresar que el error debe ser compartido a medias entre piloto y equipo. Debería haber visto la situación de carrera y haber tomado la impopular decisión de no hacer caso a su equipo y seguir en carrera. Copiar la estrategia de Vettel, no la de Webber.
Claro está, esto es muy fácil de decir sentado en mi sofá con un buen desayuno delante mío y una taza de té en la mano. Seguro que esto le hace más fuerte, más maduro y le sitúa donde debe estar. Es solo cuestión de tiempo. Y no mucho.
Y vamos con el indiscutible número 1 de este año: Sebastian Vettel. Ambicioso, rápido, implacable. No cede un solo centímetro de su terreno a lo Jean Alesi. Potencial piloto de Ferrari por su pilotaje "a lo latino", si bien se nos ha presentado como el niño mimado de Red Bull y se ha aprovechado de supuestos favoritismos por parte de su equipo, las estadísticas se decantan a su favor. No solo ha sumado más puntos que nadie, sino que ha conseguido más poles y ha igualado el número de victorias del que tenía más.
Al mismo tiempo ha estado arropado por un equipo que le ha ofrecido el mejor monoplaza (Newey, otra vez), y ha trabajado para él y casi exclusivamente para él. Señor Montezemolo, Massa no está al mismo nivel de Alonso. Cada punto que se lleve Massa contra Fernando significa situarse un punto más lejos de conseguir el Mundial de Pilotos.
Así se ganan los Mundiales y así lo supo ver Christian Horner.
En definitiva, hemos disfrutado de una gran temporada. Emocionante e igualada hasta el extremo. Hasta la última carrera. Hasta la última vuelta. Y aunque nos pese, han ganado los mejores.
Al Rey lo que es del Rey
<!--:es-->Nos duele, y mucho, que Fernando Alonso no ganase el Mundial 2010 de Fórmula 1. Nos molesta, y vaya de qué manera, que Peter Sauber prescindiese de Pedro de la Rosa de la noche a la mañana, sin explicaciones y sin (que nosotros sepamos) avisos previos.<!--:-->
Nos duele, y mucho, que Fernando Alonso no ganase el Mundial 2010 de Fórmula 1. Nos molesta, y vaya de qué manera, que Peter Sauber prescindiese de Pedro de la Rosa de la noche a la mañana, sin explicaciones y sin (que nosotros sepamos) avisos previos.
Y por supuesto, nos inquieta que ese joven impetuoso llamado Sebastian Vettel se haya llevado el Mundial en la última carrera. Pero... ¿es esto así?, quiero decir ¿se corresponde con la realidad todo esto que he mencionado?
Largas conversaciones con mis amigos sobre estos temas y la experiencia de seguir este deporte desde hace casi 20 años me han impulsado a ofrecer mi opinión, en frío, sobre todo lo sucedido. Por partes.
Aparte de la noticia del binomio Alonso-Ferrari, la presencia de Pedro de la Rosa en Sauber y de Alguersuari en Toro Rosso nos daba esperanzas para una exitosa temporada por parte de los españoles.
Alguersuari llevaba su juventud y entusiasmo a un equipo lanzadera solvente y capaz, más de lo que en sus días fue Minardi. Ha cumplido. Ha rodado generalmente bien y con ciertos momentos de genialidad, lo que nos da esperanzas de cara al futuro.
De la Rosa. Eso es otra cosa. Es un piloto fiable, competente, trabajador y meticuloso. Mantiene un buen compromiso entre pilotar el coche y atender a sponsors, medios y aficionados, pero (y es un gran "pero") le falta ese punto de chispa, de genialidad, de instinto que haga que saque unas décimas extra a su coche.
Peter Sauber sabía eso y aunque las formas de prescindir de sus servicios pueden dar para largas discusiones sobre protocolo laboral, no podemos más que (aunque sea muy en el fondo), entender su decisión. Decisión que de ser nosotros Peter Sauber, hombre de carreras y experimentado jefe de equipo desde antes de su etapa de Sport Prototipos, hubiésemos tomado de la misma manera.
Afortunadamente estará presente en la Fórmula 1 como probador de neumáticos, tarea nada fácil y que seguro que desempeña con genialidad.
Alonso. Poco a poco y a base de actuaciones prodigiosas ha conseguido entusiasmarnos y convencer a todo el mundo de que tiene ese toque diferente, ese toque que tenía Schumacher en sus tiempos de Benetton, el de Senna en los primeros años McLaren y el de Hakkinen de finales de los 90. No obstante, aún hoy comete demasiados errores como para resultar el indiscutible número 1.
Calibra bien sus fuerzas, aprieta cuando debe, cuida la mecánica y se muestra impasible con sus adversarios en la lucha cuerpo a cuerpo, pero necesita cruzar esa línea que separa el bien del mal en un momento puntual, esa línea que superaron varias veces Prost, Senna, y demasiadas veces, Schumacher. Bien es cierto que la suerte no le ha acompañado, Whiting tampoco le ha ayudado y Ferrari ha tenido una primera mitad de la temporada desastrosa.
Olvidemos lo que pasó en la última carrera. Sobre ello ya se ha escrito mucho y tan solo me gustaría expresar que el error debe ser compartido a medias entre piloto y equipo. Debería haber visto la situación de carrera y haber tomado la impopular decisión de no hacer caso a su equipo y seguir en carrera. Copiar la estrategia de Vettel, no la de Webber.
Claro está, esto es muy fácil de decir sentado en mi sofá con un buen desayuno delante mío y una taza de té en la mano. Seguro que esto le hace más fuerte, más maduro y le sitúa donde debe estar. Es solo cuestión de tiempo. Y no mucho.
Y vamos con el indiscutible número 1 de este año: Sebastian Vettel. Ambicioso, rápido, implacable. No cede un solo centímetro de su terreno a lo Jean Alesi. Potencial piloto de Ferrari por su pilotaje "a lo latino", si bien se nos ha presentado como el niño mimado de Red Bull y se ha aprovechado de supuestos favoritismos por parte de su equipo, las estadísticas se decantan a su favor. No solo ha sumado más puntos que nadie, sino que ha conseguido más poles y ha igualado el número de victorias del que tenía más.
Al mismo tiempo ha estado arropado por un equipo que le ha ofrecido el mejor monoplaza (Newey, otra vez), y ha trabajado para él y casi exclusivamente para él. Señor Montezemolo, Massa no está al mismo nivel de Alonso. Cada punto que se lleve Massa contra Fernando significa situarse un punto más lejos de conseguir el Mundial de Pilotos.
Así se ganan los Mundiales y así lo supo ver Christian Horner.
En definitiva, hemos disfrutado de una gran temporada. Emocionante e igualada hasta el extremo. Hasta la última carrera. Hasta la última vuelta. Y aunque nos pese, han ganado los mejores.