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El caso Colapinto: para eso están los puntos de la superlicencia

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El caso Colapinto: para eso están los puntos de la superlicencia

Artículo de opinión de Salvador Méndez. Los hechos son los del portal; el juicio es de quien firma.

Los comisarios sancionaron a Franco Colapinto con cinco puestos de parrilla y sin puntos de superlicencia, y cerraron sin sanción otro toque de la misma reanudación. Lando Norris pidió una suspensión de una carrera: el sistema para llegar a eso ya existe.

Los comisarios resolvieron el accidente de la curva 1 de Bakú con diez segundos de penalización a Franco Colapinto, convertidos en cinco puestos de parrilla porque no terminó la carrera, y con algo que ha pasado bastante más desapercibido: ni un solo punto en la superlicencia. Lando Norris, que se quedó sin carrera por ese accidente, pidió en caliente una suspensión de al menos un Gran Premio para quien provoque algo así en una reanudación.

Para eso están los puntos

Pedir una suspensión directa por un accidente me parece desproporcionado, y no por benevolencia: es que el mecanismo para llegar ahí ya existe. Doce puntos de superlicencia en doce meses suponen una carrera de sanción automática, sin debate ni titulares. El sistema está pensado precisamente para que la suspensión llegue por acumulación, cuando un piloto repite, y no por el enfado de una tarde.

Lo que sí merece una pregunta es por qué los comisarios no le pusieron ni un punto, teniendo en cuenta las consecuencias: tres coches fuera, incluido el de su propio compañero, Pierre Gasly. Esa decisión encaja con lo que dijo George Russell: un error pequeño que en una reanudación, con gomas y frenos fríos, se paga carísimo. Y quizá también con lo que apuntó Isack Hadjar sobre el estado del asfalto fuera de la trazada, tan bacheado que convierte un exceso en desastre. Si los comisarios manejaron ese contexto, la ausencia de puntos se entiende mejor.

Y hay una segunda decisión, del mismo accidente, que ayuda a medir lo fino que hilaron. En esa misma curva y en esa misma reanudación, los comisarios estudiaron también el toque entre Arvid Lindblad y Liam Lawson, y lo cerraron sin sanción: incidente típico de primera curva, con espacio restringido y reacción en cadena, sin culpa predominante de nadie. Dos coches implicados en el mismo lío y dos lecturas opuestas. La diferencia no está en el daño causado, sino en quién llegó frenando tarde y quién se vio arrastrado; y si el criterio para no sancionar a uno es el contexto, ese mismo contexto es el que explica que al otro le caigan cinco puestos y ningún punto.

De todas las posturas, la más sensata me parece la de Max Verstappen: una sanción de carrera sobra mientras el piloto sea consciente de lo que ha hecho y lo reconozca. Colapinto se disculpó sin escudarse, en público, con el equipo y con los afectados. Eso no borra el daño, pero es exactamente la diferencia entre un error y una conducta que haya que corregir a base de castigo.

Quién decide quién sobra en la parrilla

Donde sí soy crítico es en el otro tramo de las declaraciones de Norris, el que dejó caer que hay pilotos que no deberían estar en la Fórmula 1. Que se queje tiene toda la lógica: se quedó sin carrera y sin piezas por un error ajeno. Pero decidir quién merece un asiento no es tarea de un piloto, y menos a los diez minutos de bajarse del coche. Para eso está el reglamento que él mismo reclama, que reparte puntos, cuenta hasta doce y no necesita opinar sobre nadie. Reclamar mano dura y repartir carnés de pertenencia son dos cosas distintas, y en la segunda Norris también se pasó de frenada.

Opinión

Parte de la cobertura del Gran Premio de Azerbaiyán 2026.

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